“Parecía un día de invierno.
El ambiente estaba tan cargado de frío que notaba el crujir de los huesos al
andar como si se estuvieran oxidando por momentos. Cada paso dado era un
refuerzo al dolor sentido y las horas acumuladas la peor pesadilla conocida. No
recuerdo las horas que llevaba caminando, me pareció una eternidad. Anduve
aturdido y desamparado, frío en mi piel y frío en mi interior. ¿Qué estaba
buscando? ¿Por qué me había adentrado en una aventura de tal calibre sin apenas
equipaje ni conocimientos de supervivencia? Pero allí me encontraba, en un
camino aterrador y avanzado centímetro a centímetro. No había nadie, estaba
totalmente solo, apenado, angustiado, cansado. Por un motivo u otro que se
escapaba a mí entender, seguía hacia adelante, como si el torcer la vista atrás
fuese el mayor de los fracasos. Me sentía triste, desangelado, esperando
encontrar algo, un punto de no retorno. Esperando encontrar mi felicidad,
imaginándome una casita de madera confortable y caliente.”
Es increíble como tendemos a
escoger caminos difíciles y llenos de complicaciones. Este hombre en su camino
representa aquellos momentos de nuestra vida en los que nos sentimos vacíos,
esperando encontrar algo que realmente nos llene de felicidad, algo que nos
motive. Nos adentramos en una senda fría y oscura, sin nadie que pueda
ayudarnos, esperando a que llegue ese refugio que tanto ansiamos, pero que ni
siquiera sabemos si está ahí, al final del camino.