Ya que estoy en una de esas etapas en la vida donde te cuestionas todo tu ser y de lo que el amor significa para ti, voy a ser consecuente con lo que me está dando más de un quebradero de cabeza últimamente y hace poco menos de un año.
Todo comienza, muy a menudo, cuando menos te lo esperas. Cuando pareces haber encontrado un equilibrio entre soledad y relaciones sociales. Pero de repente, se te cruza, por casualidad, una de las personas que dará un vuelco tu vida sin darte cuenta. Todo surge sin esperarlo, la conoces. Y descubres en ella un juego divertido con el que te distraes: conoces alguien nuevo, hablas, coqueteas, bromeas, hablas y hablas y hablas, y parece que nunca se vayan a acabar las palabras. Te das cuenta que algo se remueve en tu interior pidiendo gritos salir cuando te vas dando cuenta que esa persona te gusta, y lo que es mejor, tu a ella también.
Empiezan las citas, todo va como la seda. Te diviertes a más no poder. Eres muy feliz. Descubres millones de cosas en común y te encuentras realmente bien contigo mismo al estar con esa persona. De repente, el mundo cambia de color, brilla con una intensidad especial que ilumina tus días y te das cuenta de ello, porque andas por tu casa y gastas bromas infantiles, cantas a todas horas, te ríes por nada, miras al espejo y... sonríes. Vuelves a ser un niño.
Cuando las citas se suceden, deseas ser el único para ella, porque no soportas la idea de no estar con ella y encima que otra persona pueda robar tu cupo de felicidad. La cosa se torna seria. Las citas se hacen rutina. Empiezan las pequeñas discusiones, pequeños celos, pequeños desacuerdos que se resuelven de una manera lógica y rápida. Pero, ahí empiezan las dudas, los temores y el miedo.
Al final, después de una larga relación, el compromiso se ha hecho ya notar ante la pasión y el convencimiento. Los pequeños detalles van perdiendo su valor y la confianza ya no es la que era.
Llega un momento en que todo estalla y uno de los dos decide no seguir más y rompe con todo, pasando página. Esto sucedió, sucede y seguirá sucediendo. Ley de vida.
He relatado lo que podría ser una relación muy convencional y sencilla. En mi opinión, he de decir, que lo mío ha sido algo bastante más complicado que eso. Si a las dudas le añades la distancia, mal vamos. Y es que aunque alguien pueda negarlo, la distancia es un gran vacío que te va separando más y más sin que te des cuenta. Hasta que llega un momento que tienes dos opciones: o ese vacío lo acortas de manera significativa, o dices basta y pasas página.
A donde quiero llegar, con todo esto de las relaciones rotas y demases, es que no todo tiene por qué ser triste y amargo, que evidentemente es una de las consecuencias. Pero, hay que ver la vida desde una perspectiva optimista, de tal forma que prevalezca la sensación de haber aprendido tantas cosas durante esa relación que no te plantees arrepentirte de nada de lo que hubieras hecho. Claro que hay cosas que te gustaría haber rectificado, pero eso es lo bonito, aprende de tus errores para la próxima vez.
Yo ahora mismo, con mi corazón rotico, lo fácil sería decirle a alguien que empieza una relación que lo deje, que no va a llegar a ninguna parte, que lo bueno es el principio y luego todo acaba. Sin embargo, le diría que siguiera adelante, que disfrutara de la experiencia y no dudara un segundo, que amara con todas sus fuerzas hasta agotarlas y cuando hubiera perdido, ahí estaría un amigo para levantarlo de nuevo.
Estas cosas son las que te hacen madurar. Por eso solo puedo dar las gracias a todas aquellas personas que dejan huella en mi vida.